Tutoría 4 Educación Cultura y Ciudadanía

 Educación Cultura y ciudadanía 



Johan Stiven Cuadrado Muñoz


(084700392022)



Semestre IX



Docente: Jhessper Botello Agredo  


CREAD Kennedy 




Licenciatura en Educación Artística


Seminario integral para la educación artística


Bogotá D.C   


Mayo de 2026


Problemas y preguntas generadoras

Diversidad - ciudadanía - pedagogía - arte 

Cuando pensamos en el arte dentro del marco de la educación, solemos caer en la idea de que su función es producir obras, técnicas y habilidades medibles. Pero hay una pregunta importante que se debe desarrollar antes de entrar en materia, ¿para que existe el arte dentro de una cultura? y en particular 

¿Qué hace el arte por quienes lo practican, lo habitan y lo comparten?

Para marcar el inicio del tema es necesario conocer dos maneras en que el arte se relaciona con la vida humana. La primera, ver el arte como mediador de un fin, es decir, como herramienta para trasmitir creencias, valores, y formas de ver el mundo. La segunda, el arte como fin en si mismo, como expresión de un deseo genuino, la materialización de una idea o pensamiento y, a su vez con el principal objetivo de manifestar algo que necesita existir. Estas dos cosas no generan conflicto, sino que conviven en toda practica artística real. Y es precisamente eso lo que hace tan poderoso al arte dentro de cualquier comunidad. 

Y si nos remontamos tiempo atrás, históricamente una de las cosas que se ha atribuido al arte es la de preservar la memoria colectiva, pero reducir el arte a esa función seria empobrecerlo. El arte no solo mira atrás para proteger unas costumbres; también mira hacia adelante, logrando la configuración de nuevas realidades.

Traigo a colación un caso como el de La comuna 13 de Medellín, una comunidad que estuvo bajo la sombra del conflicto armado y que encontró en el arte urbano no un escape, sino una forma de resignificar sus espacios y reconstruir su tejido social desde adentro. 

Según Mouly y Gimenez (2017), el uso de la cultura como herramienta para la construcción de paz posibilita al menos cuatro aspectos clave: convoca un mayor involucramiento y apropiación del proceso por parte de la comunidad; contribuye a la reconstrucción de la confianza y el tejido social; facilita la reconciliación y el reconocimiento de una identidad común y ayuda a reducir las violaciones culturales y estructurales en tanto modifica las formas de relacionarnos.

Esta misma tensión se presenta dentro del sistema educativo. Y aquí encontramos uno de los problemas que evidencia la educación artística en la escuela, sufriendo una doble exclusión. Por un lado, el currículo históricamente la ha tratado como un área menor, con menos horas, menos recursos y menos reconocimiento institucional. Por otro lado, cuando se le da el espacio, corre el riesgo de convertirse en una actividad mecánica, desconectada de la vida real de los estudiantes. Y es que una clase de arte se siente viva cuando existe un propósito, el producto deja de ser un simple objeto para convertirse en una evidencia del aprendizaje vivido y compartido en el aula.

Javier Abad (2011) plantea que la educación artística debe concebirse como un espacio de cuestionamiento y reconocimiento que, quizá mas que ninguna otra disciplina, tiene la capacidad de situar las experiencias de los propios protagonistas del aprendizaje en el centro del proceso educativo. No se trata de llenar al estudiante de contenidos sobre el arte, sino de acompañarlo en la construcción de su mirada sobre el mundo.

Y en esa construcción, lo que se evalúa no es el resultado sino el proceso. Que sintió, que conexiones obtuvo, que aprendió sobre si mismo. Porque la educación artística no busca producir artistas, sino formar seres.

El arte como acto critico y la construcción de ciudadanía desde la diversidad cultural

En el anterior punto dije que el arte tiene el poder de transformar comunidades desde adentro, como sucedió con la Comuna 13. Pero también se identifica un peligro, y es ver como las instituciones capturan el arte y lo convierten en herramienta, pierde ese poder. Ahora enfrentamos una pregunta incomoda ¿Qué hace la escuela, que es también una institución, para evitar caer en esa trampa?

Para eso existe un enfoque pedagógico que, de implementarse conscientemente podría mitigarse esa contradicción.

Hay que comenzar por lo fundamental, aclarando que no existe una comunidad real si no existe el reconocimiento de las culturas que la habitan. Y no existe ciudadanía si esa diversidad no es valorizada como parte central de lo que significa pertenecer.

Y es aquí donde el arte interviene de manera única. El arte es el lenguaje donde la cultura se expresa y conviven las distintas manifestaciones artísticas. Cuando un estudiante se encuentra con una expresión artística que no es común, no esta aprendiendo datos, esta accediendo a una visión del mundo. Y eso transforma como se relaciona con esa persona y esa comunidad. El arte se convierte en baluarte cuando ayuda a construir un sentido de pertenencia, no solo a la propia cultura, sino a la comunidad en general.

Pero aquí aparece un conflicto. La educación artística, aunque sea emancipadora con intención, ocurre dentro de una estructura oficial, el currículo escolar. El profesor esta allí porque el estado lo contrata. Los contenidos esta pre-definidos etc. en pocas palabras hay un poder institucional operando, aunque sea invisible.

Entonces surge la pregunta que no podemos evadir, cuando la escuela (una institución) trae la cultura al aula ¿ no esta reproduciendo el mismo problema que criticamos en la entrada anterior? ¿no corre el riesgo de que el arte termine siendo algo que se consume pasivamente, información que el alumno recibe sin cuestionamiento?

Ambas realidades existen. Y la escuela no puede escapar del primer lado completamente porque es una institución. Pero si puede hacer que se transforme el como presenta esa cultura para que el estudiante no sea un consumidor pasivo, sino un agente activo y critico.

Es aquí donde entra en juego el abordaje triangular propuesto por Ana Mae Barbosa, un enfoque pedagógico que reorienta completamente la relación del estudiante con el arte. En lugar de que el arte sea algo que se ve o se estudia de manera pasiva, el abordaje triangular propone una estructura donde el estudiante se convierte en productor de significados. La creación (hacer artístico), la lectura de la obra de arte y la contextualización. Profundizando mas en este enfoque, se establecen los tres elementos como una estructura que se alimenta mutuamente. Eso significa que el estudiante no digiere la información pasivamente, al contrario, le añade un punto critico y subjetivo que lo invita a cuestionar. Alguien que no solo observa la cultura, sino que participa en su construcción y transformación. 

De esto emerge el rol docente, que es una pieza fundamental en la propuesta de Ana Mae Barbosa, y la función del docente se basa en contextualizar las cosas desde la realidad del estudiante, entiende desde donde viene esas manifestaciones y trata de entenderla. Fomentar el debate y traer actividades que propicien el dialogo sobre la interculturalidad, la multiculturalidad y evitar marginar manifestaciones culturales y darles una voz ayuda a reconocer minorías y posiciones singulares.

Ahora volvamos a la pregunta incomoda ¿el abordaje triangular elimina la contradicción entre lo institucional y lo autentico?

No por completo. La escuela sigue siendo la escuela. El currículo sigue existiendo y el poder institucional no va a desaparecer.

Pero algo crucial cambia y es cuando el estudiante desarrolla el pensamiento critico, lo que convierte a esta dinámica en un dialogo donde el estudiante es participante activo. Por supuesto que esto abre puertas, en especial para que el estudiante se reconozca a si mismo y a su comunidad en la cultura.

PREGUNTAS PROBLEMA

1. ¿Cómo se relaciona la cultura con la ciudadanía y la participación ciudadana?

Giménez define la cultura como una "telaraña de significados" que los sujetos hemos tejido y en la cual estamos suspendidos. Cuando una persona participa en actos culturales esta tejiendo activamente esa "telaraña" colectiva. Ya daba el ejemplo de la comuna 13 con sus grafitis, el hip hop y la danza, que les permitió producir nuevos significados. Por lo tanto, la participación ciudadana incluye el derecho a ser productor de cultura. 

2. ¿Qué papel juega la cultura en la formación de la identidad ciudadana?

Los sujetos no existen sin cultura que les proporcione elementos para su identidad, y la cultura no existe sin sujetos que la interioricen. La identidad ciudadana emerge precisamente en ese punto de encuentro donde la cultura entendida como la telaraña de significados que compartimos es apropiada de manera particular y por cada comunidad. La identidad ciudadana que se forma a través de una educación artística es, por tanto, aquella que ha sido construida mediante el dialogo entre lo propio y lo ajeno, donde cada voz como la indígena, la afrocolombiana, la campesina, la urbana recibe reconocimiento publico. En conclusión, la identidad cultural responde a la multiculturalidad que tiene Colombia, no de manera excluyente marcando fronteras entre "ellos y nosotros" sino tiene que ser un proceso inclusivo de la diversidad.

3. ¿Qué papel juega la educación en la promoción de la ciudadanía crítica y reflexiva?

La educación y en particular la educación artística es el escenario donde la ciudadanía critica y reflexiva puede desarrollarse. Además de las característica que di al inicio, la ciudadanía critica requiere que los sujetos desarrollen la capacidad de analizar la realidad desde múltiples perspectivas, de cuestionar lo establecido, de reconocer las estructuras de poder que operan en la sociedad y de imaginar alternativas. Para contribuir a que esto suceda, desde la educación se integran  procesos que buscan el desarrollo de capacidades que le permiten al estudiante actuar y entender su entorno de manera consciente. ¿Cuáles son esos procesos? La formación de ciudadanos responsables y éticos, permite a los estudiantes evaluar la información que reciben a través de las clases, de las redes sociales etc. Y poder discernir entre hechos y opiniones, detectar sesgos y tomar decisiones informadas. Si se fomenta esa actitud cuestionadora, logramos que en la escuela se puedan preparar estudiantes y formar seres que participen de manera constructiva en su comunidad.

Referencias

Yúdice, G. (2002). El recurso de la cultura: usos de la cultura en la era global. Barcelona: Gedisa. Crítica de la instrumentalización institucional de la cultura. 

Abad, J. (2011). Usos y funciones de las artes en la educación y el desarrollo humano. En Jiménez, L. et al., Educación artística, cultura y ciudadanía. Colección Metas Educativas 2021. Madrid: OEI-Fundación Santillana, pp. 17–23.

Giménez, G. La cultura como identidad y la identidad como construcción social. Análisis de cultura como "telaraña de significados," identidad como proceso social e interactivo, multiculturalismo y diferenciación cultural.

Torres Pellicer, S. (2020). Los enfoques pedagógicos presentes en la Educación Artística. Trayectoria. Práctica Docente en Educación Artística, (7), 66-87. http://ojs.arte.unicen.edu.ar/index.php/trayectoria/

Mouly, C. y Giménez, M. (2017). Oportunidades y desafíos del uso del patrimonio cultural inmaterial en la construcción de paz en el posconflicto. Implicaciones para Colombia.



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