Tutoría 5 De la Teoría a la Práctica
De la teoría a la practica
Johan Stiven Cuadrado Muñoz
(084700392022)
Semestre IX
Docente: Jhessper Botello Agredo
CREAD Kennedy
Licenciatura en Educación Artística
Seminario integral para la educación artística
Bogotá D.C
Junio de 2026
Problemas y preguntas generadoras
Las artes en el currículo escolar
En la mayoría de las instituciones educativas, el sistema privilegia el pensamiento lógico y racional por encima de cualquier otra forma de conocer el mundo. Las matemáticas, el lenguaje y las ciencias ocupan el centro del currículo, mientras las artes quedan relegadas a los márgenes. Esta situación no es inocente, tiene consecuencias concretas en el desarrollo de los estudiantes.
Cuando las artes desaparecen o se debilitan dentro del currículo, no se pierde simplemente una materia. Se pierden desarrollos cognitivos y emocionales, capacidades motrices, habilidades comunicativas y la inteligencia emocional que permite a una persona relacionarse con el mundo y con los otros. Como señala Castro Bonilla (2008), al descuidar las actividades artísticas en la escuela se le impide a la población estudiantil el desarrollo de su cerebro en toda su magnitud, obstaculizando el crecimiento de una personalidad integral.
Pero las artes no solo aportan sus propios contenidos, tienen una función integradora dentro del currículo. Son capaces de convertirse en el vinculo vivo entre las demás áreas del conocimiento. Trabajar el reciclaje desde el color, expresar la geometría a través del diseño, narrar la historia desde la imagen, estas no son actividades de relleno, son formas legitimas de construir conocimiento desde la experiencia sensorial. Eisner (2004) sostiene precisamente que la construcción del conocimiento comienza por las características biológicas del organismo humano, por los sentidos, y que es a través de ellos que nos ponemos en contacto real con el entorno
Y en el centro de todo esto esta el goce. Las artes van unidas al disfrute como ninguna otra área del currículo. No se trata de formar artistas, se trata de formar seres humanos completos. Y para eso, el estudiante primero tiene que disfrutar lo que esta haciendo. Cuando eso ocurre, el aprendizaje sucede sin que el estudiante se de cuenta de que esta aprendiendo.
Arte, enseñanza y comunidades: tejiendo relaciones
Decir que las artes formas personas y no artistas implica una responsabilidad enorme: si el objetivo es la formación humana integral, entonces las artes no pueden enseñarse de espaldas al mundo real del estudiante. No es lo mismo trabajar con niños que crecieron junto al mar que con jovenes que crecieron entre montañas. La diferencia no es metodológica solamente, es profundamente humana.
Castro Bonilla (2008) lo demuestra con claridad en su experiencia con docentes de Guanacaste y Puntarenas, donde las actividades artísticas no solo integraron materias del currículo sino que recuperaron tradiciones, costumbres y memoria cultural de esas comunidades. Cuando los docentes y estudiantes trabajaron la cultura del tren y los barcos como material artístico, no estaban decorando una clase, estaban reconociéndose en su propio territorio.
Esto es lo que distingue una enseñanza de las artes con sentido comunitario de una enseñanza genérica y descontextualizada. Cuando el arte que se hace en clase le habla al estudiante de su propio mundo, ocurre algo que ningún contenido abstracto puede producir: el estudiante converge con lo que aprende, porque pertenece a eso. Y sin ese sentido de pertenencia cultural, la formación humana queda incompleta.
Vazquez y Escamez (2010) platean que vivimos en un mundo de independencia estructural, donde la respuesta ética a esa condición es la solidaridad. Las artes enseñadas desde la comunidad son precisamente eso, un ejercicio de solidaridad pedagógica que reconoce al estudiante como sujeto con historia, con cultural y con identidad propia.
Hablar del lugar de las artes en la escuela obliga a hablar también de quien las enseña. Porque no basta con que las artes estén en el currículo si el docente que las imparte no tiene la formación, la disposición ni la autonomía para hacerlas vivir dentro del aula.
Izarra-Vielma (2019) identifica una tensión que atraviesa la profesión docente en su conjunto: existe una visión del maestro como funcionario, alguien que llega a tiempo, cumple el horario y desarrolla las tareas que le fueron asignadas, y existe otra visión, la del profesional que ejerce su labor desde una perspectiva ética, con autonomía, respeto y criterio propio. Estas dos visiones no son abstractas, se notan en el aula, en la relación con los estudiantes, en la manera de leer el contexto de cada comunidad.
El docente de artes que reduce su trabajo a lo rutinario, que enseña las mismas técnicas sin importar quiénes tiene enfrente, puede tener saberes técnicos sólidos, pero pierde algo fundamental: el criterio humano. Y sin criterio humano, las artes se convierten exactamente en lo que el sistema ya las trató de convertir, una materia de relleno.
Lo que se necesita, en cambio, es una combinación de ambas dimensiones. Un docente que domine los lenguajes artísticos pero que también sea empático, comunicativo y éticamente comprometido con su labor. Vázquez y Escámez (2010) describen este perfil cuando hablan del docente que establece relaciones de confianza con sus estudiantes, que escucha sus necesidades reales y que diseña sus intervenciones a partir de lo que genuinamente vive cada persona en el aula.
Esa capacidad de leer contextos distintos, de estar preparado para las exigencias y retos que cada comunidad presenta, es lo que distingue a un educador artístico con vocación de uno que simplemente cumple. Y esa distinción no viene solo de la formación académica, viene de un proceso continuo de autoconocimiento, de encontrar las propias falencias y potenciarlas, de asumir la docencia no como un oficio mecánico sino como un acto humano y ético.
Porque al final, el docente que inspira es el que primero está inspirado.
Conclusiones
Las artes en la escuela no existen para formar artistas, existen para formar seres humanos completos. Eso solo es posible cuando el currículo las reconoce, cuando la comunidad las habita y cuando el docente las ejerce con criterio humano y compromiso ético. Todo lo demás es consecuencia de eso.
Por lo tanto, esos tres temas no son independientes entre si, sino que se alimentan mutuamente y convergen en una misma idea, las artes no son un accesorio del sistema educativo, al contrario, son una de sus áreas mas importantes, así que se debe prestarle mas atención.
Referencias
Castro Bonilla, J. (2008). Sistematización de experiencias didácticas con docentes: las artes plásticas y el currículo escolar. Revista Electrónica Actualidades Investigativas en Educación, 8(3), 1-24. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=44713048006
Izarra-Vielma, D. A. (2019). La responsabilidad del docente entre el ser funcionario y el ejercicio ético de la profesión. Revista Educación, 43(1). https://doi.org/10.15517/revedu.v43i1.29064
Vázquez Verdera, V. y Escámez Sánchez, J. (2010). La profesión docente y la ética del cuidado. Revista Electrónica de Investigación Educativa, Número Especial. http://redie.uabc.mx/contenido/NumEsp2/contenidoverdera.html
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