Convocatoria

  Convocatoria



Johan Stiven Cuadrado Muñoz


(084700392022)



Semestre IX



Docente: Jhessper Botello Agredo  


CREAD Kennedy 




Licenciatura en Educación Artística


Seminario integral para la educación artística


Bogotá D.C   


Junio de 2026


Conclusiones generales del curso

A lo largo de este semestre el recorrido por el Seminario dejó algo que va más allá de los contenidos revisados en cada tutoría. Una forma distinta de entender qué es el arte, para qué sirve y qué significa enseñarlo. Cada tema abordado no fue una isla independiente sino una pieza que, en conjunto, construye una visión más completa y más honesta de lo que implica ser docente de artes en el contexto colombiano actual.

Todo comenzó con la estética, y tenía sentido empezar ahí. Antes de hablar de pedagogía, de modelos o de currículo, era necesario preguntarse qué es lo que ocurre cuando una persona se encuentra con el arte, esa respuesta inmediata, intuitiva y cargada de significado que no pasa por el razonamiento sino por la experiencia vivida. Comprender la estética como un modo de conocer el mundo, y no como un simple juicio sobre lo bello, abrió la puerta para entender que la identidad, tanto personal como colectiva, se construye también a través de lo que sentimos, creamos y elegimos apreciar. Esa misma capacidad del arte para movilizar emociones y construir sentidos es la que lo convierte en una herramienta poderosa, aunque también en un terreno donde puede operar la manipulación, razón por la cual la formación de una mirada crítica frente a las imágenes y los mensajes visuales resultó ser un tema tan urgente como necesario.

Desde ahí, la pregunta por la creatividad cobró otro peso. Entender que la creatividad no es un talento reservado para unos pocos sino una capacidad que se desarrolla cuando existen las condiciones adecuadas, cambió la manera de concebir el rol del docente y el propósito de cada clase. La educación artística no puede limitarse a transmitir técnicas, pero tampoco puede ignorarlas del todo. La técnica tiene valor cuando se convierte en un medio para expresar algo propio, cuando sirve a la idea y no al revés. Ese equilibrio entre la formación técnica y la expresión personal es uno de los retos más concretos y más cotidianos que enfrenta cualquier docente de artes, y reconocerlo con claridad es ya un avance importante.

Los modelos pedagógicos pusieron nombre a algo que muchos docentes practican sin haberlo reflexionado. El modelo logocentrista, el expresionista y el filolingüístico no son simplemente enfoques distintos, son maneras diferentes de responder a la pregunta de qué tipo de sujeto se quiere formar. Ninguno por sí solo es suficiente, y la lucidez del docente está en saber cuándo y por qué recurrir a cada uno, en moverse entre ellos con consciencia y criterio, y no por inercia o por costumbre.

La relación entre cultura, ciudadanía y educación artística fue quizás el tema que más amplió la mirada. El arte no existe desconectado de la comunidad que lo habita, y la escuela no puede enseñarlo como si fuera un objeto neutro. Cuando el arte que se trabaja en clase le habla al estudiante de su propio territorio, de su historia y de su identidad, ocurre algo que ningún contenido abstracto puede producir. El ejemplo de la Comuna 13 no fue un adorno ilustrativo, fue la evidencia más clara de que el arte tiene la capacidad real de transformar comunidades desde adentro, de resignificar lo que el dolor había marcado. El abordaje triangular de Ana Mae Barbosa, que propone que el estudiante cree, lea y contextualice en lugar de simplemente recibir, es la respuesta pedagógica más coherente a esa realidad, porque convierte al estudiante en agente activo de su propia cultura y no en consumidor pasivo de la de otros.

Finalmente, la última tutoría trajo a la conversación algo que muchas veces se da por sentado pero que merece decirse con todas sus letras. Las artes en el currículo escolar no son un accesorio ni una materia de relleno. Su debilitamiento no genera simplemente un vacío artístico, genera personas con capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas incompletas. Y en el centro de que eso no ocurra está el docente, no el que cumple horarios y ejecuta actividades, sino el que ejerce su labor desde una perspectiva ética, con autonomía, con criterio humano y con la convicción de que cada clase es una oportunidad para que alguien descubra algo de sí mismo que no sabía que existía.

Ese es, en últimas, el hilo que atraviesa todo el semestre. La educación artística no busca producir artistas. Busca formar seres humanos completos, capaces de sentir, de pensar, de crear y de relacionarse con el mundo y con los demás desde un lugar más consciente, más sensible y más libre.

Finalmente, quiero expresar mi agradecimiento al docente Jhessper por el espacio generado durante este semestre. Cada tutoría fue una oportunidad no solo para aprender contenidos, sino para cuestionarse, para pensar con más profundidad y para crecer como futuro docente de artes. La manera en que fueron orientados los temas permitió que la teoría nunca se sintiera alejada de la realidad, y eso hace una diferencia enorme en la formación. Gracias por la dedicación y por enseñar con el ejemplo que el arte, efectivamente, merece tomarse en serio.

ADJUNTO EL LINK DEL TRABAJO FINAL DE CONVOCATORIA 

trabajo final - convocatoria





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